Sunday, November 30, 2008

Opiniones...


Carlos Alberto Montaner
(Foto LPP Archivo)
En Cuba - madre y maestra del socialismo del siglo XXI -, la dictadura comunista no ha dejado de recurrir a estos métodos (los "actos de repudio" y son orquestados por la policía política y el partido comunistas), y les ha explicado a sus discípulos cómo se utilizan eficazmente para sembrar el terror y ejercer el control social absoluto.

La Turbocracia

Por Carlos Alberto Montaner

No hay nada que aterrorice más a la población que una banda armada que actúa impunemente con la complicidad o bajo la orientación de los poderes políticos. Estamos en plena turbocracia. Es el gobierno de la canalla armada con garrotes. Es el matonismo callejero, que existe desde la Roma clásica, reinventado por Adolfo Hitler en el siglo XX con sus camisas pardas, mientras lograba el control total de la policía y de los servicios de inteligencia.

El presidente Hugo Chávez amenaza a sus oponentes con meterlos en la cárcel si se atreven a ganar las elecciones. No lo dudo. Dice que sacara los tanques. Tampoco lo dudo. Esta dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder. Si lo pierde, puede acabar ante los tribunales. Ha violado medio código penal en un abanico de delitos que comienza con la malversacion anadio y acaba con el asesinato selectivo de varios opositores. Y no lo digo yo: lo afirma el ex coronel Francisco Arias Cárdenas, su actual viceministro de Asuntos Exteriores, como puede comprobar cualquiera que se asome a YuoTube.

La coartada para justificar la violencia contra los demócratas de la oposición es la revolución. Los chavistas creen que si pierden ciertas zonas del poder "el proceso" se ralentizara y les tomara mas tiempo llegar al "socialismo del siglo XXI", un engendro tan nefasto como el de la previa centuria, pero más burdo. Según las menores encuestas, deberían perder seis y ocho estados - los más importantes del país, la capital incluida -, pero es probable que entre el fraude masivo y la intimidación solo admitan dos o tres derrotas menores. Tras haber fracasado en el referendum de diciembre de 2007, Hugo Chávez llego a la conclusión de que las elecciones sólo se justifican si se ganan. De lo contrario , no tienen sentido. Son una ordinariez.

Para los chavistas, y para esa frenética familia - por ahora Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, dado que El Salvador todavía esta en remojo, aunque con grandes posibilidades de caer en la trampa - , las elecciones son sólo un método para hacer la revolución, y no una pacifica y racional de medir las preferencias de la sociedad, con el objeto de entregarle el gobierno al ganador, para que administre el pis de acuerdo con las reglas y según el mandato encomendado por el pueblo.

En ese mundillo bananero de rompe y rasga, la ley y las instituciones no sirven para nada. En Nicaragua, tras el inmenso fraude electoral que acaba de protagonizar Daniel Ortega, las turbas sandinistas golpean a los manifestantes que se quejan, les disparan balas y morterazos, los aterrorizan de mil formas distintas, y se preparan para encarcelar a Eduardo Montealegre, el gran triunfador en los comicios de Managua. En el Ecuador de Rafael Correa, en su momento las turbas de sus partidarios rodearon el parlamento y la Corte Suprema hasta poner en fuga a los funcionarios incómodos. En Bolivia, los masistas de Evo Morales les propinan chicotazos a los opositores, les disparan a los adversarios - ya hay varias docenas de muertos - e ilegalmente encarcelan al perfecto de Pando, mientras el presidente cocalero le dice a sus ministros que él se ocupa de hacer las trampas , y a ellos, que son abogados, les toca encontrar la manera de justificar legalmente sus actos, "pues para eso han estudiado".

No hay nada que aterrorice más a la población que una banda armada que actúa inpunemente con la complicidad o bajo la orientación de los poderes públicos. Estamos en plena turbocracia. Es el gobierno de la canalla armada con garrote. Es el matonismo callejero, que existe desde la Roma clásica, reinventado por Adolfo Hitler en el siglo XX con sus camisas pardas, mientras lograba el control total de la policía y de los servicios de inteligencia. En Cuba - madre y maestra del socialismo del siglo XX! -, la dictadura comunista no ha dejado de recurrir a estos métodos (los llama "actos de repudio" y son orquestados por la policía política y el partido comunista), y les ha explicado a sus discipulos cómo se utilizan eficazmente para sembrar el terror y ejercer el control social absoluto.

La pregunta inevitable es ésta: -cómo se sale por las buenas de unos gobernantes que utilizan la democracia para alcanzar el poder y, una vez , instalados en el cuarto de mando, se niegan a entregarlo a sus adversarios cuando los derrotan en las urnas, o, sencillamente, como sucede en las dictaduras de partido único, cierran todas las puertas? El dilema e muy grave porque los demócratas, por definición y por vocación, suelen ser gentes pacificas nada dadas a la violencia. Los navajeros son, precisamente, los que están en el otro bando. La pelea es entre un león con hambre y un mono amarrado.


Carlos Alberto Montaner nació en La Habana en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en varias instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince libros, entre los que se destacan sus libros de ensayos Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad, la clave de la prosperidad., No perdamos también el siglo XXI y Viaje al corazón de Cuba. Es coautor de Manuel del Perfecto Idiota Latinoamericano, de Fabricantes de Miseria y de El Regreso del Idiota.Como narrador, ha publicado las novelas Trama y Perromundo.Ha sido traducido al ingles, al italiano, al portugués y al ruso. Semanalmente varias docenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos reproducen su columna periodística. Además, es conductor del programa televisivo Pronósticos.La revista espanola Cambio 16 lo ha calificado como [el columnista de mayor divulgación en lengua española]. Vive en Madrid desde 1970. Es vicepresidente de la Internacional Liberal. Publicado en Diario de América.

Cuba: Comentario Racial...


(LPP) Aclaramos que Lighthouse Publisher Press no es una agencia de Gobierno ni departamento de Investigación. Si Uds. tienen información concerniente a los agentes-castristas(espías) , que pudieran perjudicar a la seguridad de la nación americana , pueden enviar sus "tips" a las oficinas de Inmigración, Homeland Security o FBI.

Moore y Carbonell estaban viviendo la ejecución calculada de un plan para - por primera vez en la historia del país - quitarles a los negros la voz independiente y la capacidad de organización que, de mantenerse, podrían convertirse en impedimentos para el establecimiento de un régimen totalitario o en la base de un eventual proceso de democratización

El 'apoliticismo' de los negros cubanos
Por Enrique Patterson
(ENH)MIAMI, 28 de noviembre del 2008

A casi siete meses de la muerte del pensador negro cubano Walterio Carbonell, uno de su discípulos, Carlos Moore - que ya ha hecho escuela propia -, presento en la recién concluida Feria del Libro de Miami su obra "Pichón, Race and Revolution in Castro's Cuba"(Autobiography)".

La publicación del ensayo de Carbonell "Crítica: como surgió la cultura nacional" (1961) inicio el derrotero del poco conocido movimiento negro surgido bajo condiciones de la revolución castrista.

El libro de Moore nos introduce en el fresco de esos tiempos de cambio de régimen y el enfoque del nuevo orden ante el problema del racismo y la discriminación racial.

Muchos intelectuales y activistas negros como Carbonell y Moore - identificados en aquel momento con la revolución - no podían comprender ciertas actitudes y acciones como el desmantelamiento de las sociedades negras, únicas instituciones donde los negros podían discutir y proponer soluciones a sus problemas así como elaborar agendas políticas a nivel nacional.

Moore y Carbonell estaban viviendo la ejecución calculada de un plan para - por primera vez en la historia del país -quitarles a los negros la voz independiente y la capacidad de organización que, de mantenerse, podrían convertirse en impedimentos para el establecimiento de un régimen totalitario o en la base de un eventual proceso de democratización.

El libro de Moore nos hace comprender cómo los fundamentos de la no solución del problema racial por parte del régimen cubano actual se anidan en los problemas de orígenes del proyecto castrista, y en la concepción del mundo que al respecto Castro y sus acólitos, comparten con las viejas élites cubanas: el considerar a los negros como insurgentes, participantes o ciudadanos subordinados que no deben tener voz ni participar en igualdad de condiciones en la lucha política.

Enfrentarse a esa concepción - confrontando personalmente a Castro - llevó a Carlos Moore a una saga que va desde los campos de trabajo, la cárcel y un espectacular asilo en la embajada de Guinea en 1963 hasta una permanente persecución e intentos de secuestro por parte de los órganos cubanos de inteligencia alrededor del mundo.

Carbonell, acaso más crédulo, permaneció en el paso con la esperanza de tratar de cambiar las cosas desde dentro; como resultado fue conducido a campos de trabajo forzado, a la cárcel y, finalmente, al manicomio, donde se le destruyó psiquicamente.

A lo largo del poder revolucionario el castrismo estructuró un seguimiento puntual de los intelectuales negros, impidiendo su desarrollo y repitiendo, en cada generación, la política represiva que usaron para desarticular el movimiento inspirado por Carbonell y Moore en los primeros años de la revolución.

Al mismo tiempo, en la propaganda gubernamental el castrismo se presentaba como el gran benefactor que había eliminado la discriminación racial, tratándoles de hacer creer a los negros del patio que - para ellos - el castrismo era el mejor de los mundos posibles y, a los del exterior, que la eliminación del racismo y la discriminación racial sólo eran posibles en un régimen totalitario que suprimiera todas las libertades y derechos democráticos.

Semejante posición asume que la democracia es un régimen que sólo funciona para los blancos, mientras que el sistema social idóneo para los negros es uno que recree la esclavitud generalizada bajo el mando de un líder blanco e ilustrado. El castrismo silenció a los negros aun más que las viejas élites cubanas , reforzando la actitud de que los negros - en lugar de tener una voz propia - deben buscarse 'abogados' blancos - que hablen en su nombre.

Por eso no es de extrañar la defensa velada que de las desigualdades raciales existentes en Cuba hace el escritor itinerante Pedro Pérez-Sarduy, invitado por el Centro de Investigaciones Cubanas de FIU, según reporta este periódico en su edición del viernes 21 de noviembre. Sarduy, al ser cuestionado sobre la escasa participación de los negros en el quehacer político en Cuba, expresó que ' a los negros no les interesa la política, sino el desarrollo de profesiones y carreras intelectuales mejor consideradas'. Su punto de vista refleja la visión del régimen.

Los negros cubanos sería , entonces, los únicos seres humanos que no son 'animales políticos'.

Esto explica, como se desprende de otra parte de sus declaraciones, que no se solidarice con Oscar Elias Bisset, que ha tenido el 'atrevimiento' de confrontar al castrismo en sus áreas más sensibles: los derechos civiles y el monopolio del poder político.

La posición de Sarduy - que por extraña coincidencia aparece en Miami en el momento de la presentación del libro del Dr. Moore - pareciera congruente con los rumores que, según fuentes del movimiento negro interno en Cuba, lo relacionan con la destrucción de Walterio Carbonell. A estas alturas es imposible saber cuánta verdad subyace en semejantes rumores y opiniones; pero sí podemos comparar dos modelos de intelectuales negros.

Uno, Carlos Moore, que nos deja libros definitivos sobre el tema y que ha estado en el vórtice de la lucha contra el racismo y la discriminación lo mismo en Cuba como en Estados Unidos, Francia, África, el Caribe y América del Sur, junto a figuras del relieve de Maya Angelou, Malcom X, Aimé Césaire. Y otro, Sarduy, que aún nos debe obras definitivas y aclaraciones de cuentas pendientes con Walterio.